The strange contagion of a dream

El extraño contagio de un sueño.

(The strange contagion of a dream)

Como algunos visionarios de la era especial se aprovecharon de gobiernos para cambiar al mundo.  (How space visionaries hijack governments to change the world)

by Brian Altmeyer
Monday, October 6, 2014
The Space Review (http://www.thespacereview.com/article/2611/1)
(Traducción propia de VUELOS ESPACIALES en Español sobre fragmentos de la nota original – Autorizado por Brian Altmeyer)


von Braun in office
Wernher Von Braun
(1912 / Polonia - 1977)
En medio de la guerra más destructiva de la historia, Wernher Von Braun fue el encargado de hacer que fuera aún peor por el desarrollo de un misil balístico para lanzar sobre Londres: el cohete V-2.

Por desgracia para sus jefes, las ambiciones personales de Von Braun para el V-2 fueron algo diferentes. Él vio el potencial del cohete para alcanzar la órbita y llevar el primer satélite artificial de la historia humana. Pero cada vez que propuso esta idea, sus comandantes de la SS le aclaraban (en tonos cada vez más amenazantes) que el Führer quería un arma, no un juguete de la ciencia ficción.

Las insubordinaciones de Von Braun en el programa de armas principales, que con ingeniosos recursos lograba seguir la investigación del vuelo espacial mientras realizaba suficientes progresos en la V-2 para mantener su credibilidad con sus superiores, fue un acto de caminar en la cuerda floja a gran altitud. Arriesgó su vida con cada día que pasaba, pero esto se prolongó, y se hizo evidente que sus superiores pensaban finalmente en matar a los científicos que trabajaban en el V-2 para evitar que los estadounidenses o rusos lograsen adquirir sus conocimientos. Buscando el momento justo y huyendo con documentos falsos, él y un determinado número de su gente lograron escapar hacia la zona estadounidense.

Bajo la bandera de la destrucción, con las órdenes estrictas a centrarse sólo en aplicaciones militares, este hombre de alguna manera construyó, en unos pocos breves años, las bases de décadas de exploración espacial pacífica, y sobrevivió para explicarse ante la historia. El sueño de Von Braun nunca hizo mella en la locura del Tercer Reich, pero formó una espora virulenta que sobreviviría para infectar a los herederos de las superpotencias con su tecnología.

Desde el momento en que EE.UU. y la Unión Soviética lograron poseer los conocimientos del V-2, ambos estados sólo lo veían como armas estratégicas que los nazis habían construido e ignoraron el potencial más profundo que tenían, por más de una década. Finalmente cuando vieron el poder de dejar la Tierra, el pensamiento banal de militares y burócratas sólo podía verlos como un explosivo cayendo en las cabezas de sus enemigos.


Sergei Korolev
(1907 / Ukrania - 1966)
Mientras tanto, los soviéticos tenían que peinar su vasto imperio, buscando cualquier persona con los conocimientos necesarios para entender y replicar el trabajo capturado de Von Braun, y lo mejor que pudieron encontrar fue a Sergei Korolev (Serguéi Koroliov), un hombre que había pasado los últimos años trabajando duro en el gulag siberiano bajo acusaciones políticas falsas. Las experiencias y los dispositivos de Korolev eran extrañamente simétricos a los de Von Braun en la fase final de la historia del programa V-2. El gobierno le exigió desarrollar misiles intercontinentales, y lo amenazó con las más severas consecuencias personales si llegara a fallar o hubiese sospechas de desarrollar ideas poco ortodoxas, como el vuelo espacial.
Korolev mantuvo la cabeza baja hasta que pudo comenzar a mostrar resultados, construyó credibilidad e influencia dentro del gobierno, y aprovechó las sinergias entre lo que le exigió el ejército soviético y los cohetes espaciales que quería construir. Su papel en el programa de cohetes soviético llegó a ser tan central, y su talento tan valorado, que su identidad se convirtió en un secreto de estado de nivel superior, y sería conocido hasta su muerte simplemente como "jefe de diseño."

La extraña simetría entre Von Braun y Korolev se repitió una vez más, cuando Von Braun, con su credibilidad recién descubierta, convenció a los líderes estadounidenses que no sería suficiente el simple hecho de empatar los logros de la Unión Soviética. Más bien, él argumentó que era urgente que los Estados Unidos debía superarlas drásticamente, y hacerlo lo más rápido posible. Algunos personajes pragmáticos cuestionaron la necesidad de ir al espacio en absoluto, tal como lo hacen hoy, pero fueron ignorados en el entusiasmo contagioso de los tiempos. Otros más moderados pensaron que sería suficiente con sólo mantener el ritmo, lanzar su propio satélite, y luego hacerse con todo el asunto.

Los sueños simples, inocentes, de un niño mirando a las estrellas habían superado la marcha hacia el Armagedón nuclear a la altura del peligro global. Es, al menos, una pregunta razonable de si la carrera espacial puede muy bien ser la razón decisiva por la que la Tercera Guerra Mundial no sucediera.

Ni el final del programa Apolo, ni la falta de cualquier seguimiento en las siguientes décadas, ni siquiera el colapso total de la propia Unión Soviética, pudieron llevar a los programas de vuelos espaciales rusos o americanos a desaparecer, o siquiera eliminar la creencia general de que dichas actividades son parte del carácter fundamental de una gran nación. En el caso de la Unión Soviética, el programa espacial es, literalmente, más durable que la nación que lo creó, y demostrando tener sus raíces en algo mucho más profundo que la política o el nacionalismo. Podemos ver esto ilustrado aún más crudamente cuando imaginamos cómo la historia se habría jugado sin Von Braun y Korolev.

Supongamos que el V-2 hubiese sido estrictamente un arma cohete, sin ningún trabajo sobre el mismo que lo hubiese derivado hacia el lanzamiento espacial. Supongamos que en lugar de Korolev, los soviéticos hubieran optado por un ingeniero más convencional para digerir la V-2 y construir la fuerza de ICBM soviético, uno en que el vuelo espacial nunca fuera siquiera una idea de último momento. No Sputnik, no Gagarin, sin mercurio 7, no Gemini, no Apolo, no habría flotas de sondas espaciales no tripuladas pioneras del sistema solar durante décadas. No habría comunicaciones por satélite, no GPS, no fotos ni estudios del clima, y cientos de cosas más. A lo sumo, podríamos suponer que habría apenas algunos aviones de gran altitud de espionaje y globos, y enormes silos de misiles intercontinentales. Y todo el dinero que entró en la carrera espacial hubiese ido directamente a los militares.

Sería un escenario de deprimente oscuridad.

Elon Musk
(1971 / Sudáfrica)
Sin embargo, el "contagio" del sueño de ir al espacio no se perdió a pesar de su letargo institucional. Más bien, se sembró en el tejido de los programas espaciales nacionales, y plantó profundamente en los corazones de millones en todo el mundo, incluyendo un particular niño sudafricano y eventual inmigrante de Estados Unidos, Elon Musk.
Al igual que Von Braun había secuestrado originalmente un arma cruel para perseguir un sueño de maravilla y de paz y Korolev redirigió el mismo estúpido programa de armas para logros de su propio pueblo que vivirán en la memoria mucho después de que el nombre de la Unión Soviética se haya olvidado; y lo mismo que Von Braun despertó a una potencia tímida y pragmática para lanzar un cohete a la Luna "porque es difícil"; así parece que pronto (toco madera) Elon Musk, en una revolución sin un final, realice la apertura del cosmos a la humanidad.

Todos los avances más radicales en el espacio no han venido de los dictados arbitrarios de un político audaz, o el incrementalismo diligente de un burócrata, o incluso la búsqueda de beneficios a ciegas de un hombre de negocios, pero en cambio si pueden estar en el poder irresistible de un visionario para utilizar cualquier herramienta a su disposición, redirigir cualquier gran misión o institución a su causa, y convertir cualquier mente que no está completamente a oscuras, con la intolerancia y la miopía de su forma de pensar. Esto sugiere algo increíble y esperanza en el futuro: que independientemente de lo que el programa es, personas que comparten el sueño de ir al espacio pueden aprovechar las herramientas disponibles para lograr cosas brillantes.

Si Von Braun pudo convertir un arma de terror en la esperanza de la humanidad, incluso con una pistola en la cabeza; si Korolev pudo convencer a matones militares y burócratas del Politburó paranoicos, que orbitar la Tierra sería mejor que hacerla reventar, con el gulag siempre esperando por él si fallaba; si Elon Musk puede casi haber quedado en bancarrota por volver un pequeño programa de la NASA en una semilla de los vuelos espaciales comerciales de ultra bajo costo, entonces tal vez hay otra cantidad de programas inútiles que puedan ser redirigidos en cosas fascinantes.

Considere la Estación Espacial Internacional, inicialmente poco más que un gesto diplomático en que la mayoría de los críticos del tema espacial del momento lo atacaran ferozmente como algo sin valor. ¿Qué se está conformando hoy cuando la industria comercial se está involucrando? ¿En qué va a convertirse con el tiempo, cuando empresas como Bigelow Aerospace, por ejemplo, comenzarán a operar sus propias instalaciones? ¿Qué puede llegar a ser en términos de investigación y hasta de fabricación? Tal vez no vaya a pasar nada y simplemente será reemplazada o abandonada y bajada del espacio, pero el potencial está ahí.

De hecho, el potencial está siempre ahí para tomar todo lo que tienes y hacer algo más de él, mucho, mucho más. Von Braun, Korolev, y Musk nos ofrecen una lección de sentido simple, común, que es irónicamente raro ver en la práctica: Comienza desde donde estás, y utiliza las herramientas a tu disposición para seguir adelante a la espera de algún "deus ex machina" (un dios caído del cielo, en la acepción del teatro griego) para entregar el liderazgo del programa, que se preocupe y entienda sus esperanzas, para que el dinero que caiga en su regazo lleve a alguna parte.

Brian Altmeyer (brianaltmeyer@yahoo.com) es un entusiasta y defensor de toda la vida de la actividad espacial. Vive en California –USA.

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